Preguntas al coordinador 17: El trabajo psicológico (1)

escrito por Óscar Uzcategui (V.M. Kwen Khan)   

Preguntas realizadas por los estudiantes
al Coordinador Internacional de AGEAC
Sr. Óscar Uzcategui en el curso Brasil-2007

 

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P.: ¿Cuál es el mecanismo o el orden de trabajar el agregado psicológico, desde la autoobservación hasta la muerte?

R.: Para hacer el trabajo psicológico no podemos poner parámetros fi jos, porque si no dogmatizamos la Enseñanza; por eso el Maestro no dejo ningún orden. Por ahí hay una hoja que ha circulado: «Trabajo para la Disolución del Yo»; eso nunca fue del Maestro Samael. Personalmente conozco al misionero que hizo eso, y lo invento él; y anda esa hoja por ahí, pero el Maestro nunca puso: «Didáctica para la Disolución del Yo»; eso es mentira. Así que si la veis por ahí ya sabéis.

Pero sí podemos dar unas líneas generales que funcionan. La primera arma con la que tenemos que trabajar es una: la «autoobservación»; esa la tenemos que usar desde que nos levantamos de la cama. Esa es la primera cosa. Entonces, darnos cuenta de cuál es nuestro estado interior al levantarnos de la cama. ¿Cuál es el estado de nuestro cuerpo físico? ¿Qué pensamientos tengo en la cabeza? ¿Por qué? Porque si voy a comenzar el día tengo que saber ya, con la autoobservación, cuál es mi estado interior. Porque si me levanto mecánicamente y empiezo hacer cosas, y no soy consciente del estado interior que tengo, ya voy mal. ¡Ya voy mal! Porque voy a seguir recibiendo impresiones, que se van uniendo al estado equivocado que tengo, y eso va explotar en cualquier momento del día.

Entonces, si yo me levanto, antes de levantarme, en la cama, con los ojos abiertos, los cierro momentáneamente para estudiarme. Entonces, si estoy con ansiedad, preguntarme, ¿por qué tengo ansiedad? Entonces me voy a dar cuenta: empieza la mente a decir: «Es que tengo que ir a tal sitio. Tengo que ir… Tengo que llamar a fulano… Y esto de allá no lo hice, y lo otro…». Ya me doy cuenta de que tengo el centro intelectual acelerado.

 Entonces, si yo me doy cuenta de eso tengo que saber: «Ah, uf, tengo que cuidarme la cabeza porque estoy muy acelerado, y es la cabeza la que me está poniendo el centro emocional con ansiedad». Entonces, ya tengo que ir con más autoobservación de lo normal. 

O no tengo nada pendiente, pero tuve una experiencia astral que me dejó pena moral. Entonces, ya tengo que saber que el día lo estoy comenzando con pena moral. Tengo dos opciones. Allí mismo trabajo la pena moral antes de levantarme de la cama, con el análisis: «Bueno, me vi por allá en cosas de lujuria, horribles». Entonces tengo que hacer un análisis ahí, ¡si tengo tiempo! 

Entonces me relajo y analizo. ¿Qué es lo que yo hacía? ¿Era voluntad mía? Aparentemente sí, pero aquí en el físico, ¿lo haría? ¡No! Entonces es mí subconsciente, que todo el mundo lo tiene sucio; entonces es normal que yo este así allá, porque son zonas mías adonde yo no he llegado todavía con mi análisis; allí no ha entrado el análisis todavía. Entonces mis Yoes, en ese nivel, actúan mecánicamente y no los puedo controlar. ¿De acuerdo?

Entonces, ¿qué hago con la tristeza que eso me ha dejado? Puedo hacer el Viparita Karanhi Mudra y llamo a la Madre Muerte o a la Madre Divina: «RAAAMMM IIIOOO, RAAAMMM IIIOOO, RAAAMMM IIIOOO. Madre Kundalini, te ruego que me ataques los estados internos inconscientes que me indujeron en astral a tener estas escenas de lujuria y me des paz interior. Ayúdame Madre Kundalini o Madre Muerte, etc.». Entonces, las escenas las revivo, transmuto y con el mantram KRIM, a aquellas escenas les prendo fuego, las quemo: «KRIM, KRIM, KRIM, KRIM….». Y luego que ya he quemado aquellas escenas, entonces sigo con la pena aquí, en el centro emocional, y ahora le pido: «Madre Kundalini o Madre Muerte, cúrame el corazón, te lo suplico, cúrame el corazón, dame paz, dame paz interior», y con el mantram KRIM me imagino fuego en la zona del corazón, allí donde yo siento la pena; yo me imagino lleno de fuego.

Entonces eso lo hago varias veces, unas diez veces con el KRIM unido a la oración; y luego veo como estoy, si estoy mejorcito ya me levanto sin perder la autoobservación, y salgo vestido, porque tengo que hacer cosas para la Gnosis. Estoy esperando el autobús, y en ese momento yo no me doy cuenta de que delante de mí hay un poco de agua retenida al lado de la acera, y pasa un coche y con el neumático me salpica, me deja todo lleno de agua sucia. Eso es una impresión, porque somos bombardeados por impresiones en todas partes, aunque estemos durmiendo, debajo de la cama, en el cuarto de baño, donde sea; estamos llenos de impresiones. Eso es una impresión desagradable. Entonces dice el Maestro: «El primer paso para la desintegración del Yo es trabajar las impresiones». Porque el Yo se nutre de impresiones no transformadas; él se nutre de eso.

Entonces, allí dónde estoy tengo que hacer lo que llamamos en la Gnosis «el primer choque consciente». ¿Cuál es el primer choque consciente? Rápido, poner entre la impresión y mi psiquis un fi ltro, porque la impresión está queriendo entrar. Yo pongo un fi ltro, ¿cuál es el fi ltro? El análisis inmediato de lo que pasó, ¡inmediato!

«Bueno, así como estoy no puedo ir a lo que iba a hacer». Rápido me tengo que decir:

«De nada sirve ponerme a protestar, porque con eso no voy a arreglar nada, tengo que cambiarme la ropa obligatoriamente y ducharme, y si esto ha pasado es por algo».

Porque la mente va a empezar a deciros rápido: «Ahora perdiste el autobús, ahora vas a llegar tarde. Ya está, perdiste lo que ibas a hacer…». «Pues da igual, el Padre no quiere hoy que esto lo haga yo por algo».

Entonces yo analizo rápidamente de esta manera y pongo el fi ltro con el análisis de inmediato. Me voy para la casa y me ducho, y antes de vestirme, otra vez, me tomo unos minutos para ver cómo están los centros. En los centros, en el intelectual, aunque yo puse el fi ltro, hay algunas pequeñas impresiones que se colaron y tocaron unos estados; entonces ahí está la mente diciendo:

«Maldito el tío ese que me echó con el neumático el agua. Ojalá que se muera hoy…». «¡Ah, caramba, ahí está! El centro intelectual está loco». Y después paso al centro emocional a ver que hay.

«Ah, el centro emocional también está tocado». Y si me tiembla una mano… ¡es que le quería pegar! El centro motor también está mal. Y ¿el centro instintivo? Quiere salir corriendo detrás de él. Y ¿el centro sexual?Está quieto, porque no tuvo nada que ver como impresión sexual.

Entonces, si yo quiero hacer un trabajo sobre eso, tengo otra vez que relajarme y empezar por cada centro:

«Madre Kundalini, Madre Santísima, Isis. RAAAMMM IIIOOO, RAAAMMM IIIOOO…, Combáteme, Madre Kundalini, estos estados en la mente, estos estados que tengo aquí en el centro emocional». Antes de invocar a la Divina Madre, yo he hecho un pequeño análisis. Entonces, en el análisis me digo: «Bueno, esto no solo me ha pasado a mi, le ha pasado a mucha gente. Ese hombre está tan dormido que no se dio cuenta de que su coche me hizo esto a mí. Jesucristo pasó las cosas peor que yo, porque lo apedrearon, le escupieron, lo crucifi caron, y ¿qué?, y ¿qué? ¿Por qué yo soy tan importante? Me pudo haber pasado a mí o a él mismo, el del coche, en otro momento, le pudo haber pasado. Así que déjame en paz –le decimos a la mente–, ¡déjame en paz! Tu discurso es todo violencia; no me interesa. Yo no saco nada de eso. No se dónde vive el hombre, y si lo supiera, ¿qué voy a ganar yo insultándolo? Provocar otras reacciones peores. Esto me lo ha hecho el Padre para que yo comprenda que hay que ser humilde»...

Entonces yo me he hecho este análisis en el centro intelectual. Luego, claro, invoco a la Madre Divina o a la Madre Muerte, y hecho el análisis lo tengo comprendido: que nada voy a ganar, que ya lo que pasó, pasó, que es una cosa que le pudo pasar a cualquier persona, que Jesucristo lo pasó peor que yo. Cuando ya he comprendido eso ya no hay nada más que comprender.

Entonces yo invoco a la Madre Muerte, y esos pensamientos, yo le pido a ella que me los queme. Entonces pronuncio el mantram: «KRIIIIMM, KRIIIIMM, KRIIIIMM…», y me imagino fuego en la mente, fuego en la cabeza.

Luego paso al estado emocional, a analizarlo. Entonces veo que hay una emoción. Eso es mala voluntad, tengo mala voluntad. Hay Yoes de mala voluntad en el centro emocional y en el centro motor, porque le quiero pegar a la persona.

¿Qué más tengo que comprender de ahí? Nada más... ¡Ah!, el amor propio está herido, y dice: «¿Por qué a mí? ¿Por qué a mi me pasan estas cosas? ¿Por qué solamente a mi?». Mentira. Hay que decirle al Yo: «No es a ti solo, a todo el mundo le pasa. Y no es para morirse, no tienes cáncer, ni tuberculosis, ya estás bien, ya te lavaste y cambiaste la ropa. ¿Cuál es el problema? ¿Dónde está el problema?». «Pero a mí, a mí, a mí«… «¡No!, no, calla, calla, porque esas son boberías».”

Al llegar aquí ya está entendido eso. Invoco otra vez a la Madre Divina o Madre Muerte; otra vez pronuncio el mantram: «KRIIIIMM, KRIIIIMM…», y le ruego que ataque en el centro emocional esos estados, y en el centro motor, etc. Entonces, igual, mandáis el fuego de la Madre Muerte o de la Madre Kundalini al centro emocional y al centro motor.

Después, cuando yo tenga la oportunidad de trabajar en el Arcano, hay que acordarse de esto. Entonces, ¿cuáles fueron los Yoes que se hirieron con esa impresión? La ira, el orgullo, el amor propio, la autoconsideración y Yoes de mala voluntad. Así en un trabajo de Alquimia hay un buen trabajo para hacer.

«Madre Muerte, Madre Kundalini, ataca en mi mente los Yoes de la ira, del amor propio, de la autoconsideración. KRIM, KRIM, KRIM…».

Luego pasaré a: «Madre Kundalini, en mi centro emocional, atácame los agregados del orgullo, del amor propio y de la venganza –porque aquello era venganza–. KRIM, KRIM, KRIM…»

«Madre Kundalini, destruye en mi centro motor los Yoes del amor propio, de la autoconsideración, etc. –aquellos que me hacían temblar la mano–. KRIM, KRIM, KRIM…».

Y si es posible, luego pedís: «Madre Kundalini, destruye todos esos Yoes que estaban presentes en esta impresión (y os acordáis del evento y le ponéis fuego; todo). KRIM, KRIM, KRIM…»

Entonces, ¡ese es el trabajo! 

P.: ¿Se tiene que hacer independientemente o se pueden hacer los tres centros a la vez?

R.: Si se quiere hacer un buen trabajo hay que hacer los centros independientemente, pero sí que tenéis que llevar un cuadernito de apuntes psicológicos. ¿Por qué? Porque no siempre, después de que el coche os haya salpicado con el agua sucia, vais a tener la oportunidad de ir a la casa y relajaros, sino que tenéis que seguir con la ropa sucia porque es algo urgente, y si no lo anotáis se os va a olvidar. En cambio, en el cuaderno, ahí lo tenéis muy fresco. Con un pequeño cuadernito se puede escribir todo: ira, amor propio… Lo estáis viendo ahí, porque están todos queriendo salir por la ventana (los sentidos): ira, amor propio, venganza, orgullo. Y lo guardáis (todo aquello) en el cuadernito, y al regresar, entonces hacéis el trabajo.

P.: ¿Cuál es la diferencia entre el amor propio, el orgullo, la vanidad, la autoconsideración y la autoimportancia?

R.: El amor propio está en la base de todos los Yoes. Todos los Yoes tienen amor propio. Entonces, el amor propio es hermano de la autoconsideración, son los mismos. Y el amor propio, la autoconsideración y la autoimportancia son los mismos. Un hombre es lujurioso porque tiene amor propio, quiere que lo reconozcan como macho, y eso le da a él, según él, importancia, autoimportancia; y se autoconsidera porque él se considera muy macho. Entonces amor propio, autoconsideración y autoimportancia están juntos, son el mismo Yo.

¡El orgullo! El orgullo es interior. Orgullo y soberbia son interiores. Es afi rmarse uno egoicamente. La vanidad es exterior. Por ejemplo, dice el Maestro: «Por orgullo a uno le gustaría tener un coche de los años treinta. Por orgullo, y decirle a los amigos: “Yo soy de los pocos que tienen todavía un Austin de 1928, el mismo que usaba Al Capone; yo tengo el mismo. ¡Por orgullo! Pero por vanidad no andaríamos en la calle con eso, porque preferimos ir con un Mercedes Benz del 2005». Entonces el orgullo en interior y la vanidad es exterior; esa es la diferencia.

P.: Y ¿el amor propio tiene relación con el orgullo y la vanidad?

R.: Claro, el amor propio, la autoconsideración y la autoimportancia están con todos los Yoes, ¡todos! Por eso al que es glotón le gusta seleccionar la comida, porque tiene autoimportancia. Entonces a veces el glotón dice: «Es que yo como mucha carne porque tengo que cuidarme la salud, y la carne para mí tiene que ser que el diente se me hunda solo en la carne. Porque claro, cuando uno tiene que masticar la carne se te pone esto de las mandíbulas muy grande, y yo no quiero tener estas cosas gordas. Entonces, para mí tiene que ser carne sin grasa, porque tengo que cuidarme del colesterol». Todo esto es autoengreimiento, amor propio, autoconsideración, y todo para comerse un kilo de carne él solo. La autoimportancia está ahí, y dice: «Sí, porque tengo que cuidarme». El orgullo: «Sí, porque a mí cualquiera no me hace comer; yo elijo lo que como». Y vanidad porque esa persona siempre tiene en la nevera alimentos para mostrarle a los amigos: «Sí, mira, esta es entrecot, esta es carne argentina que yo me hago venir en avión cada semana, esta otra es tal…». Esa es la vanidad con la gula.

P.: ¿El orgullo, entonces, es siempre interior?

R.: El orgullo siempre es interior. Por ejemplo, el orgullo se puede manifestar cuando alguien entra y saluda a todo el mundo menos a mí. Entonces, lo primero que se hiere es el amor propio y mi autoimportancia –os fi jáis que están en todas partes estos Yoes–, y esos dos, heridos, tocan mi orgullo: «Pero, ¿cómo es que no me saluda a mí? Pero, ¿será posible? Este ignorante… Si yo soy el doctor tal…, y el director de aquí… Saluda al portero, y a mí, que soy don “tal”, especialista en “tal”, astronauta y toda la cosa, pues a mí no me saluda. Pero ¡esto no se queda así!». Ese es el orgullo, el orgullo.  

P.: Y otra cosa: un Yo puede tener varias manifestaciones. Por ejemplo, la gula puede estar relacionada con el amor propio, con la lujuria también… 

R.: ¡Todos los Yoes! Sí, a veces la gula y la lujuria están conectadas,

P.: Y cuando queremos hacer un trabajo sobre estos Yoes que están juntos, ¿podemos pedir a la Madre Muerte: «Por favor, destruye mi Yo de la gula relacionada con la cólera, o con la lujuria…?». ¿Es más preciso?

R.: Sí, claro, pero hay que trabajar con los dos. Primero, la gula, y luego “tal”… Claro que sí. muchas veces… 

P.: ¿La mala voluntad tiene relación también con el amor propio?

R.: Sí, la mala voluntad es la reacción del amor propio herido y del orgullo herido. 

P.: ¿Me puedes decir otro ejemplo de la gula que no esté en relación con la comida?

R.: Sí, hay gula en muchas cosas. La gula trabaja con el centro instintivo. Entonces hay gentes a las que el Yo los obliga, después de la comida, a fumarse un cigarro, si no no se sienten bien. Hay gente que para ir al toilette (baño) tienen que fumar, si no no les funcionan los intestinos. Hay personas que cuando, por ejemplo, están en una crisis de soledad, o lo que sea, se tienen que tomar un whisky o un chocolate. La gula está muy relacionada con el centro instintivo. La gula, muchas veces, por desequilibrio del centro instintivo, se nutre. Por ejemplo, cuando uno se levanta a las tres de la mañana habiendo cenado bien, y porque un Yo nos pide a las tres de la mañana unos espaguetis, nos ponemos a hacer unos espaguetis a las tres de la mañana, nos los comemos y nos vamos tan contentos a dormir, eso es gula porque antes había cenado bien. 

P.: ¿También se le puede llamar placer a todo esto, a más de lo que uno necesita?

R.: Sí, son placeres egoicos. Exacto, son placeres egoicos. 

P.: También la gula está relacionado con estas tradiciones de cocina, y no es necesariamente por comer mucho, sino por ser muy sibarita.

R.: Sí, muy sibarita, todo eso es de la gula. En Europa la gente no se da cuenta de que alimenta mucho la gula, pero tienen una excusa. Entonces desayunan un croissant con un café con leche. A las diez de la mañana dizque hay que parar en el trabajo porque hay que comer algo, y se comen un trabuco  un bocadillo) lleno de jamón, queso, beicon y tal; en el mediodía llegan a la casa y comen un plato o dos platos de comida; en la tarde, a las cuatro, a eso le llaman la merienda, dos donuts con otro café con leche o coca-cola; a las siete o a las ocho de la tarde la cena, y antes de ir a dormir, entonces se comen, qué se yo, un helado. Todo eso es gula, porque el ser humano necesita tres comidas al día, pero nosotros hemos llenado eso de un montón de adornos que no son reales, y eso son antojos. Pero los antojos son desviaciones del centro instintivo.

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Preguntas realizadas por los estudiantes al Coordinador Internacional de AGEAC Sr. Óscar Uzcategui en el curso Brasil-2007 (primera parte)

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Preguntas realizadas por los estudiantes al Coordinador Internacional de AGEAC Sr. Óscar Uzcategui en el curso Brasil-2007
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Comentarios (1)add comment

Alberto said:

 
Estoy sorprendido con esta explicación. yo vivo en bogotá colombia y este escrito me hace entender que en todos los centros de GNOSIS enseñan todo esto, me gusta me interesa mucho, voy a ponerme en la tarea de buscar un sitio donde yo pueda a Auto observarme. Gracias :-)
April 18, 2017

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busy